miércoles, 9 de marzo de 2011

martes, 14 de diciembre de 2010

El árbol de Manuel


El examen cuatrimestral de Cívica de Manuel consistía en redactar un documento con anécdotas de su familia, en una especie de árbol genealógico. Manuel, me informó sobre el documento en cuestión, dos días antes de su entrega. Se le había olvidado en medio de los estudios para los exámenes de Sociales y de Naturales y, claro, jugar un poco mucho con el XBox. No importa, manos a la obra. Decidimos hacer esta encomienda primero que todo lo demás. Se sentó derechito en mi escritorio, encendió la laptop y empezó a escribir. Para mi sorpresa, tenía el esquema mental de lo que quería decir y lo dijo en una forma coherente, demasiado para sus nueve años. Al cabo de una hora, un “maaaaaaaaa” con su apropiada entonación, me indicó que había terminado. “Ven, corrígeme”, me dijo, y, luego de quitar algunas v por b y s por c y de agregar la h donde brillaba por su ausencia, el documento estaba listo. Me asombró ver a Manuel escribiendo con entusiasmo sobre su familia. Quién sabe, quizás cuando crezca, podría ser un destacado escritor como su bisabuelo Alberto Font-Bernard, como su abuelo, Ramón Font-Bernard o como su madre, que al menos lo intenta.
Ahí va...

“Mi familia me encanta. Soy feliz con mi familia, porque todos son educados, inteligentes y cariñosos. Además les gusta ayudar a la gente.
Vivo con mi mamá. Hacemos muchas actividades divertidas, como ver películas, videos de conciertos y cocinamos todos juntos. Me gusta sacar a pasear a mi perrita, Cecilia y abrazar a mi gato, Calamaro. A él, lo rescatamos de la calle cuando era chiquitito. Estaba maltratado y con muchas pulgas, pero ya es un gato grande y lindo.
Mis padres se llaman Karyna Font-Bernard y Luis Manuel Méndez. Mi mami es comunicadora y trabaja en Campo de Texto. Ella me dice que me va a comprar una cámara para que en los eventos, yo tire las fotos. Ella es muy buena conmigo y con toda la gente. Siempre me corrige, a veces no me gusta, pero ella dice que es para que cuando yo sea grande, sea un hombre de bien. Ella me hace todas las comidas que me gustan, especialmente bizcochos, sandwichs y pancakes. Por las mañanas me hace cosquillitas en los brazos y a veces, vamos a dar vueltas en el carro escuchando música. Ella dice que nos gusta la misma música.
Mi papá es corredor de autos de velocidad y ha sido campeón internacional y nacional muchas veces. Si me pasa algo, yo sé que él va a estar conmigo, como cuando le pasó el accidente a mi hermano y se murió. Yo antes iba con él a todas las carreras, a veces con mis amigos.
Mi abuela Olga, la mamá de mi mamá, me quiere mucho y hace muchas cosas por mí. Todos los días hace mi comida y me da la merienda. Ella me quita los castigos y me complace en todo.
Mi abuelo Ramón, fue un hombre muy bueno e inteligente. Todo el mundo lo conocía. Me ayudaba con mis tareas y siempre tenía una sorpresita para mí. Todas las tardes paseábamos, me compraba refresquitos y papitas. Todos los sábados íbamos al supermercado y a Juguetón. El me llevó por primera vez al colegio y, luego, todas las mañanas a partir de ese día me llevaba. Lo extraño mucho, porque él me comprendía y me daba mucho amor. Mi mamá y yo lo recordamos siempre.
Mi mamá me habla mucho de mi bisabuelo, Alberto Font-Bernard. Hay una calle que se llama así, por el. Era orador, político y escritor. Mi abuelo Ramón, se parecía mucho a él y decía que mi mamá, también se parecía a él.
Yo me llamo Manuel Alberto, por mi abuelo y bisabuelo que se llamaban Alberto también. A mí siempre me han gustado los carros, especialmente los Fórmula 1. También me gusta proteger a los animales y jugar Playstation 3 y sacar a pasear a mi perrita Cecilia. Me gusta ver en la televisión Wwe Champions Ring, Big Band Theory y Everybody Loves Raymond. Me encanta la música y fascinaaaaa la banda de Bon Jovi. Por las tardes juego siempre basket ball y fútbol en el colegio San Judas Tadeo. Me gusta mucho mi colegio, porque es muy grande, limpio y religioso”.

Fin. Manuel Alberto Méndez Font-Bernard

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El cine de Raúl


Lo conocí en la Universidad Católica. El era un estudiante ávido de aprender. Siempre corriendo la milla extra, investigando un poco más. Su humor, tan característico y que gracias a los dioses conserva, tocaba antes que él la puerta. De hecho, muchas veces, este humor vestido de un divertido sarcasmo es la chispa de muchas de sus críticas. Por Raúl Miranda nació mi interés hacia el cine, pero no el cine socialité, ese de comprar la taquilla, las palomitas y al terminar la película decir me gustó, no me gustó. El cine de Raúl es el crítico. Cuando el grupito de comunicación social iba al cine como turba, mirando hacia atrás para saber quién llegaba o hacia delante, para saber quién ya estaba, Raúl tenía los ojos clavados en la pantalla y a la salida, me decía todo lo que no “pude” ver. El sonido, la dirección fotográfica, la secuencia de las escenas, las expresiones y diálogos de los actores y solo luego de este exacerbado análisis sentenciaba cual Salomón: me gusta o no me gusta. Esa semilla de crítico fue sembrada en mi subconsciente y por eso, ninguna película, serie, documental o comercial se escapa a ese ojo crítico medio miope que tengo. Y por eso hoy me regalo colocar en mi blog una de sus críticas. Gracias a Raúl, mi amigo de siempre.

"Eat Pray Love tiene todo lo necesario para ser una excelente película: la envolvente sonrisa de Julia Roberts, el magnetismo de Javier Bardem y la delicia del “bello farniente” italiano… sin embargo, fracasa miserablemente en el intento.
A propósito de Italia, cuentan que un arquitecto italiano encontró una lámpara mágica y el genio le concedió un deseo. El hombre pidió un puente de Roma a Sicilia y el genio de inmediato le dijo que era imposible, que pidiera otra cosa. – Entonces, quiero poder entender a las mujeres, dijo el arquitecto. El genio perplejo respondió: El puente ¿lo quieres de dos carriles o cuatro?
Dicho esto, y a sabiendas de que en breve me llamarán cretino, imbécil y no sé cuantos calificativos más, debo subrayar que el film está basado en un libro escrito por una mujer (Elizabeth Gilbert.) Es decir, que haya resultado incomprensible desde el punto de vista de un hombre no ha de extrañar a nadie.
Pero más que incomprensible, la palabra es incongruente… es que nada me cuadra. Liz (Roberts) está casada con Stephen (Billy Crudup) un desgraciado mujeriego, alcohólico, que abusa física y sicológicamente de ella (no, mentira, esa es una adaptación que acabo de hacerle al guión para darle un poco de sentido) En fin, Liz es infeliz, se casó muy joven (mínimo a los 40 años) y no sabe lo que quiere. Le rezó a Dios y a los cinco minutos ya lo había resuelto. El divorcio fue su solución.
¡Qué vaina! y Stephen que me caía de lo más bien, se veía un tipo chévere, y queda evidenciado al final de la película, pero esa es otra cosa. Además, genuinamente estaba enamorado de Liz. Bueno, pero no todas las historias tienen un final feliz, ¿verdad? Y menos si dependen del siniestro cerebro femenino (más maldiciones). Si ustedes supieran lo buena gente que soy. Hay Dios, perdónalas.
Pues bien, mi admirado Stephen aún no ha firmado el divorcio y ya la infeliz y desdichada Liz entabla una candente relación con David (James Franco), pero al poco tiempo se siente igual de desgraciada, así que decide tomarse un año sabático viajando por Italia, India e Indonesia, dejando todo atrás, marido, novio, amigos…
Los 10 minutos de Italia son interesantes, visualmente es difícil no entretenerse viendo la variedad de la cocina italiana y las botellas descorchadas de vino tinto. Honestamente, me dio hambre y más aún cuando comienza la letanía en India e Indonesia.
Ya ha pasado hora y media y comienzo a rezar para que acabe pronto este martirio, entonces llega Felipe (Bardem) como Robin Hood, a salvar a los pobres.
Agonizante, con hambre y encomendado al Señor pude ver los últimos 35 minutos de la cinta y hasta una lagrimita dejé escapar, qué puedo decir, el malvado de Javier me conmovió con otra brillante actuación, por eso sigo amando el cine, a pesar de las pruebas que nos pone Hollywood". Raúl Miranda.

martes, 5 de octubre de 2010

Una vela en el viento


“Y me parece que viviste tu vida como una vela en el viento, sin saber a quién aferrarse cuando la lluvia empieza”. Dice una de las estrofas de la canción Candle in the Wind de Elton John, dedicada a Marilyn Monroe, uno de los mayores símbolos sexuales de todos los tiempos. Sensual, de piel nívea, cabellos dorados y labios siempre rojos, Monroe derretía a hombres en todos los rincones del planeta y dictaba la moda que toda mujer imitaba. Uno quiere suponer que esta estrella de Hollywood vivió feliz y colorín colorado, el cuento ha terminado. Era casi impensable que semejante mujer un día decidiese terminar con su vida, sin embargo así lo hizo en la madrugada del 5 de agosto de 1962. Con su muerte, miles de conjeturas se trenzaron, una de ellas, un complot orquestado directamente desde la Casa Blanca, pero no, aunque queramos pensar que su deceso fue producto del drama de los celos y evidencias, en realidad y la realidad es que Marilyn Monroe se suicidó porque nunca fue feliz. Tenía fama, dinero, lujos, joyas... pero según un diario de la actriz, que recientemente y por primera vez sale a la luz pública, Marilyn buscaba simplemente el amor y nunca lo encontró. Para los que pensaban que su cabeza era un pedestal hueco en donde solo había cabida para sus cabellos rubios, hoy sabemos que ella era una persona sensible, aficionada a la lectura, que escribía poemas y como según la describieron los que la conocieron a fondo, era una persona que pensaba demasiado, amaba demasiado y sentía demasiado.
Todo el interior de esta mujer aparentemente conocida y a la vez, tan poco conocida, se devela en el libro "Fragmentos" que publica la editorial Seix Barral y que contiene poemas, anotaciones, lecturas y cartas de Norma Jeane, la chica que quiso ser estrella para brillar y que llegó a brillar tanto, que su propio brilló la calcinó. En estos fragmentos vemos que Marilyn era una apasionada del conocimiento, que estudiaba en las noches literatura y que se emocionaba al leer a Walt Whitman, James Joyce, Samuel Beckett, Gustav Flaubert, Jack Kerouac, Fiodor Dostoievski y John Steinbeck.
A pesar de estar rodeada de tantas personas, ella se sentía sola y esa soledad es de las peores, porque es la que se cuela por entre los huesos, quita el sueño y las fuerzas, y, de repente, se pierde el rumbo y no se encuentra el sentido de vivir. Eso pasó con Marilyn Monroe el día en que ingirió un frasco de Nembutal.Décadas después reivindicamos a Marilyn, no era la tonta chica rubia que hacía de los diamantes sus mejores amigos. Era una mujer con 36 años que nunca había sido feliz, alegre sí, pero feliz jamás y que deseaba más que nada, sentirse amada.
Tu vela se apagó antes de tiempo, tu leyenda nunca morirá”, canta Elton John.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Las tres páginas



Estudié periodismo, luego de un intento fallido en la escuela de derecho. Desde los ocho años escribía cuentos y me enamoraba de escritores famosos, algunos de ellos, otros, no tanto, pero igualmente adorables para mi (no pretendo mencionar nombres, eso es otro post)y, por ende, la profesión que se ajustaba a mi calzado era el oficio de periodista. Mucho antes de graduarme, ya mis artículos circulaban. Lo confieso, mentí. Estaba en el segundo semestre cuando Juan Acosta, director de la revista Sucesos, que mostraba explícitamente crímenes atroces, por lo regular de índole pasional, me preguntó que cuándo me había graduado de periodismo, dije escuetamente, en seis meses termino y listo, escribía los artículos de cultura de la revista, así que entre las matanzas y desmembramientos, yo hablaba de la Revolución Francesa y de Pachelbel. Poco tiempo después, empecé a trabajar en la sección La Vida de Listín Diario, con Carmenchu Brusiloff. Fue la temporada que denominé como “la real escuela inicial de mi carrera”, conocí a talentosos periodistas, aprendí la importancia de la disciplina, me dejé guiar por la profesionalidad de Doña Carmechu y el resultado fue positivo, no sólo escribía para La Vida, también pedían mis colaboraciones de otras secciones, llegué a hacerle una controvertida entrevista al Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, publicada con una edición “sutil”, especialmente en las partes en las que su santidad hacía énfasis en su oposición al control de natalidad y decía sonriente cómo los hijos son regalos divinos, precisamente aquellos que nacen en los pueblos más pobres y con una escasa esperanza de vida, mucho menos educación. Para mi deleite, entrevisté a J.J. Benítez por la puesta en circulación de uno de sus Caballos de Troya en el país. Fui definiendo mi rumbo, me gustaban las entrevistas de fondo, me impuse a no usar grabadora, para prestar más atención a mis interrogados. También me encantaba hacer reportajes de temas sociales y médicos, tanto así, que por un largo tiempo abordé los mismos en las portadas de La Vida. Luego de “la real escuela inicial de mi carrera”, me fui hacia la San Martín y, por muchos años trabajé en el Hoy, con Aurora Martínez, Claudio Acosta, Marien Capitán y mi inolvidable Nelson Marrero, entre otros excelentes colegas. Escribía, escribía, escribía… nunca pensé que dejaría de hacerlo, pero como dicen, no pasa, hasta que te pasa, y, pasó. Cuando mi padre sufrió un derrame cerebral y falleció en el 2006, simplemente dejé de escribir. Fue como si mis manos se hubiesen quedado vacías. Permanecía horas frente al monitor sin que surgiera nada. Tenía muchas ideas, pero no sabía cómo hilvanarlas. Estaba en estado de shock. Seguí durante dos años más con Comentarios Sabatinos, el programa de televisión que producía y conducía y luego, cuando llegó la temible crisis de recortes publicitarios, simplemente cerré el espacio, lo tomé como un gesto de desapego, uno más en mi vida. Le dije good bye a los medios de comunicación. Seguía sin escribir. Ya no insistía. Estaba inmersa en las relaciones públicas corporativas y pensé que los años de escritora habían terminado para mí. Pero el escritor, ya sea conocido o no, exitoso o no, periodista o no, se lleva por dentro, es un órgano más del cuerpo, uno de los que no se puede remover, por eso me di cuenta de que sí, soy escritora a pesar de que no escribo. Me di cuenta de que padecía un caso severo de bloqueo, el monstruo llamado writer's block, una condición asociada a los escritores que hace que pierdan la habilidad de producir obras nuevas. Puede ir variando en intensidad, puede ser una dificultad trivial y temporal por una tarea específica o puede irse al extremo, en el que algunos escritores se han vistos imposibilitados de escribir por años y han abandonado su profesión.
Hoy, una tarde cualquiera, 20 de septiembre de 2010 decidí que podía hacerlo, sí, un post a la vez. Bueno, demos un paso hacia atrás, antes de que fuera una tarde cualquiera, resulta que buscando mails, me encontré con uno, en el que Ginny Taule me daba algunos tips para superar mi condición. Me decía que escribiera diariamente tres páginas todas las mañanas de cualquier cosa, como por ejemplo, "no tengo ganas de levantarme todavía pero tengo una reunión a las ocho, qué pereza! Para colmo no podré venir a comer a casa porque debo pasar por la lavandería y por... pero qué le pasa al perro del vecino que no deja de ladrar?"... etc. Es una técnica que recomienda Julia Cameron en su libro "The Artist Way". Leo la columna de Ginny en Estilos y me parece fantástica, por su forma creativa y fresca de decir lo que piensa. Claro que tendría que llevarme de una persona como ella, entonces heme aquí, escribiendo mis primeras tres páginas. Y como dice Oscar Wilde, “no existen más que dos reglas para escribir: tener que decir algo y decirlo”. Yo tenía que decir: Sí, soy Karyna y padezco de writer´s block, siéntense, no necesitan decir hola ni aplaudir, pero espero que me brinden donas glaseadas de Krispy Kreme.

lunes, 14 de junio de 2010

Pasar páginas



Hoy finalmente mis manos perdieron la fuerza.
Mis palabras perdieron su sonido.
Me rendí en espacio y tiempo.
Espero lo que venga en silencio.
No me interesa decir las ”verdades” o tener las “razones”.
Al final de la historia o a la mitad…las páginas siempre se quedan solas.
Ni siquiera soy parte de este cuento, que algún día terminará en otra tierra y con la luz de otra luna.
Ellos se pertenecen entre ellos. Ellos entienden su lenguaje tácito.
Yo me escabullí como el parche, pero mal pegado.
Lo que queda es el mientras tanto.
Solo espero a que sople mi viento.
Vivo pasándo la página, que vuelve a mi para recordáme que siempre termina sola.

miércoles, 26 de mayo de 2010

El tiempo de todo


Por supuesto. Esto solo es una reflexión y no el desglose de una reflexión.
Eres un gran escritor y mereces los laureles de todos los laureles. Espero que llegue el día en el que esa enorme capacidad que tienes - que Dios, la tierra, la herencia o algún destilado te dio-, sea de dominio público. Eres un gran escritor.
Todos los que te leen, dejan comentarios de felicitaciones y emoción. Todos ellos, están afuera. Yo, reconozco que eres un gran escritor, pero nunca dejo ni un suspiro de comentario. Me siento anónima, lo soy, más que eso, estoy adentro y yo sé, que estás aquí pero no lo estás. Que no soy parte de ti ni formo parte del plan. Que añoras eso, que no tienes y que esperas algún día recuperar. Que pasas el tiempo mirando una imagen en Google y verte, me encoge el corazón, sí, el músculo.
Sé que no será para siempre y que estás, pero no estás. Por eso me afano en guardar mi distancia, no es gélida, es simplemente distancia.
Regresarás al lugar del que quizás no debiste salir. Y yo, seré un recuerdo más, una historia que contar o que callar.
Te enviaré, un día lejano, un mensaje por mail, desde el pueblo que elegí para vivir el hogar, y tú lo leerás y se lo comentarás con ánimo a la persona que esté justo a tu lado.
Serás feliz.
Mientras tanto, estamos en esta casa y en este sueño. Sé muy bien que todo tiene un tiempo