domingo, 4 de noviembre de 2012

Te deseo. (Poema de Víctor Hugo)


"Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.
Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar.
Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas.
Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.
Te deseo además que seas útil, mas no insustituible.
Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.
Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.
Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.
Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.
Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.
Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, te sentirás bien por nada.
Deseo también que plantes una semilla, por mas minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuántas vidas está hecho un árbol.
Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico.
Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero frente a tí y digas:
"Esto es mío", sólo para que quede claro quién es el dueño de quien.
Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar.
Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte."









Plegaria Indigena





"No te acerques a mi tumba sollozando.


No estoy allí. No duermo ahí.

Soy como mil vientos soplando.

Soy como un diamante en la nieve, brillando

Soy la luz del sol sobre el grano dorado

Soy la lluvia gentil del otoño esperado

Cuando despiertas en la tranquila mañana,

Soy la bandada de pájaros que trina

Soy también las estrellas que titilan,

mientras cae la noche en tu ventana

Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando

No estoy allí. Yo no morí".

Papi, mañana hacen 6 años de tu partida, pero de tu partida de este plano. Desde dónde estás, aún sigues aquí, cerca de mi. Te quiero por siempre. 


sábado, 3 de noviembre de 2012

Adivinar el futuro en la antigüedad, respetable oficio


Las prácticas adivinatorias desde tiempos inmemorables han caminado de mano del hombre, por el simple hecho, quizás, de que no quiere sentirse solo.
Según Cicerón, existe una antigua creencia que se remonta a los tiempos heróicos y que se ve confirmada por el consentimiento del pueblo romano y de todas las naciones. Se trata de que algunas personas están dotadas de una cierta facultad de adivinación. Sin embargo, Crisipo concedía un cierto matiz diferente a esta cualidad en su definición; para él, la adivinación era una facultad que conoce, ve y explica los signos que son ofrecidos a los hombres por los dioses.
Por tanto según Cicerón, el hombre adivinador sería un simple sujeto pasivo, a través del cual los dioses adivinarían el futuro, mientras que para Crisipo sería la inteligencia, el arte del ser humano, aquello que permitiría descubrir la voluntad de los dioses.

Grecia y Roma aportan la Mitología y todo ese catálogo de dioses y semidioses que van exhibiendo sus poderes a través hazañas con los mortales. Así se empieza a hablar de adivinos, de pitonisas…. Así es que Delfos entra en la película como protagonista y su oráculo se convierte en uno de los más nombrados históricamente.

En palabras de a centavos, Oráculo significa aquella profecía recibida de un ser superior por mediación de un humano. En el caso de Delfos, una pitonisa. También se le llamaba a los templos o lugar de predicción.

El auge del Oráculo de Delfos fue tan grande que se debió a aumentar el número de pitonisas, y poco a poco se convirtió en el centro religioso y casi político del pueblo Heleno. No se emprendía ni una sola guerra sin que la pitonisa hubiese emitido antes su opinión al respecto. Su crédito se extendía más allá de la Grecia, hacia todos los pueblos mediterráneos, inclusive algunos estudiosos aseguran que Roma y parte de los pueblos bárbaros consultaron una que otra vez a Delfos.

Junto al Delfos, hubo en Grecia otros veinte oráculos de Apolo, así como otros de Zeus en Olimpia, Dodona y Libia. A estos había que añadir otros facilitados por la lista de dioses y semidioses que predecían según su especialidad.

Si hablamos de adivinación es indudable la importancia que siempre se le ha otorgado a su interpretación. Con seguridad a todos nos ha parecido una que otra vez haber estado en ese específico lugar, lo hemos visto tal y cual es en nuestros sueños, pero estamos conscientes de que nunca hemos estado en él, al menos no físicamente, el enigmático deja vú...

En las civilizaciones antiguas, aparecen anécdotas que nos dan una idea de esta importancia concedida a la interpretación de los sueños: La Biblia nos habla de José que llegó a hombre de importancia del faraón por haberle revelado acertadamente el significado de sus sueños; Alejandro Magno gracias a un aviso onírico, se salvó de ser asesinado; en Homero un dios se aparece en sueños a Agamenón y le sugiere atacar a los troyanos prometiéndole la victoria. Menos conocida es la actitud de Nabucodonosor, que encolerizado porque no supieron interpretar sus sueños, mandó a dar muerte a los adivinos de la corte.

También la escolástica y en concreto Santo Tomas de Aquino, aceptaba un tipo determinado de sueños proféticos que consideraba enviados por Dios. En el Nuevo Testamento se citan algunos sueños también, como el de San José, quien desistió de rechazar a María cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo que no temiera recibirla por esposa, ya que lo concebido por ella es obra del Espíritu Santo. Un nuevo sueño le alertaría del peligro de la matanza que decretó el rey Herodes.

Y si hablamos de sueños, se hace imprescindible mencionar unos muy discutidos y analizados por siglos, se trata de los sueños del médico y astrólogo francés Nostradamus o Michel de Nostredame,  publicó en 1555 una colección de profecías y hoy día famosas “Centurias Astrológicas”, escritas en cuartetos rimados y en lenguaje ambiguo. Se describen en ellas acontecimientos ocurridos desde mediados del siglo XVI, hasta el presunto fin del mundo en el 3797 d. C.

 
En lo menos que podríamos pensar al ver un gallo es en la adivinación, pero como todo es posible, existe la denominada alectomacia o adivinación por medio de esta ave. El infortunado animal se situaba en medio de un círculo dividido en veinte y cuatro compartimientos. En cada uno de ellos figuraba una letra del alfabeto, y mediante el orden en que el gallo picoteaba las casilla, se obtenía un pronóstico que en algunos casos, sirvió para alentar grandes empresas, como lo fue el caso de Teodosio el grande a quien se predijo se adueñaría de un imperio.

La interpretación del plomo derretido fue también una táctica muy difundida; dejando que el plomo cayera sobre una mesa, o en un recipiente con agua, las formas que se describía eran interpretadas por el adivino como buenos o malos presagios.

En la Edad Media era también muy común que cuando alguien era sospechoso de delito, se escribiera su nombre en un papel que se enrollaba en una llave. Atada ésta a una Biblia que sostenía una joven - nos imaginamos que casta y pura -, el sospechoso hablaba y si la llave giraba se le declaraba culpable, lo cual parece una burla a la objetividad como tantas otras cosas pasadas y presentes.

En síntesis podemos afirmar que la naturaleza humana tiene una esencia básica que es la esperanza, esperamos lo bueno, pero le tememos al futuro y por esta razón a través de los siglos hemos buscado las formas de saber o tener una idea de lo que el mañana nos depara.
De todas formas las prácticas adivinatorias desde tiempos inmemorables han caminado de mano del hombre por el simple hecho quizás de que no quiere sentirse solo en el mundo.





domingo, 23 de septiembre de 2012

Si puedo volverte a ver


El tiempo y la distancia se diluyen en un solo pensamiento que bordea los límites de mis sentimientos. Si puedo volverte a ver...


Solo una vez repito y repito en silencio. Miro por la ventana hacia mi izquierda y veo la tarde convertirse en tarde. Escucho los sonidos de la calle. Los árboles largos, gruesos, sabios de mi acera mecen sus hojas lentamente, porque nadie espera que aceleren su movimiento parsimonioso. Las personas caminan y se detienen, conversan de algo que no me importa. Los perros de los vecinos ladran sin cesar pero no me molestan. Vuelvo los ojos hacia mis letras.

Si puedo volverte a ver, será una tarde y será gloriosa. Sin mucho calor, por el contrario, estará acariciada de una tenue brisa que nos envolverá tanto que parecerá que entro en tu cuerpo y me aferro a tus huesos para que nada pueda separarme de ti. Parecerá como si nunca te hubieses ido.

Esa tarde, la gloriosa tarde, volveremos a escuchar a las cotorras que cruzan por la casa y duermen en los árboles del hotel Embajador. Yo estaré sentada en tus piernas largas y delgadas y tú te quejarás con picardía de que  al parecer estoy ganando peso. Yo haré el simulacro de que me levanto, pero tu no me dejarás porque te gusta tenerme en tus piernas, como cuando nací y contabas cada vez que me mecías para que me durmiera. 245, me contaste que dijiste un día extenuado, mientras yo seguía con los ojos abiertos como lunas llenas.

Si puedo volverte a ver, no te soltaré las manos un solo segundo y cada frase que diga se terminará con un “te quiero”. Hablaremos de los políticos, me contarás anécdotas de tu época, porque esta nunca pudiera ser "tu época". Te levantarás de tu silla y buscarás cualquier libro de referencia y en la página exacta, encontrarás el párrafo que quieres que lea. Citarás a Azorín, Benavente, Borges y a Martí, por supuesto.

Tendrás tu chacabana impecable y me dirás que te apetece una cerveza Becks fría. Correré a la cocina para buscarla y dejaré las otras, sí, las otras, en reserva. Me dirás todo lo que has vivido desde que te fuiste. Me explicarás qué colores viste, cuáles texturas tocaste y en qué planos has estado en estos años. Me contarás a quiénes has visto y qué has aprendido. Pondrás tus labios en mis oídos y me confesarás algún secreto que se quedó atrás y nunca pudiste decir. Me pedirás que termine algún asunto inconcluso.

Si puedo volverte a ver no habrá espacio para otras personas, porque serás solo para mí. Me harás entender que nunca te has ido, que todo ha sido un triste espejismo. Que la vida no se divide en estas fronteras y que el amor trasciende cualquier edad, distancia o circunstancia. Que la muerte no existe, es solo una ilusión pasajera.

Si puedo volverte a ver, dirás una vez más, que mis pies, mis manos y mis orejas vienen de tu lado, de los "Font-Bernard que llegaron de Cataluña". Me preguntarás qué he hecho en estos tiempos sin ti, aunque tú lo sepas mejor que yo. Me dirás que nada de lo malo pesa lo suficiente como para empañar las bendiciones que me has estado enviando.

Me hablarás de la dignidad y la honestidad, lo sé, como siempre hiciste. Me vaticinarás una vida plena, en medio de rosas color té y algunos niños correteando en un jardín lleno de perros, gatos y tortugas. Te reirás y dirás con cierto grado de orgullo que siempre he sido así de excéntrica con los animales y con otros asuntos más. Me mirarás con certeza y me abrazarás.

Si puedo volverte a ver ya nunca más te irías, no sin mí. Ya no podría vivir otro día sin ti.